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¿Aceptarías Su regalo?

Pr. Reynolds Rodríguez
  • 14 marzo, 2017
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En algunas oportunidades pueden ser simples. Algunas veces son caros y elaborados. En la mayoría de casos, vienen envueltos o empacados. Lo que sí es seguro, es que cuando te lo entrega alguien que te ama y a quien amas, lo recibes con un corazón regocijado. Me refiero a los regalos.

Los regalos son detalles que esperamos para nuestro cumpleaños, aniversario y hasta para fin de año. Algunas veces los recibimos con una sonrisa y otras con lágrimas que reflejan emociones sinceras. Sin embargo, ¿conoces a un niño que haya rechazado un regalo de sus padres en el día de su cumpleaños?, ¿alguna vez has visto a alguien decir que no a un justo y anhelado aumento salarial?, ¿has escuchado hablar de alguien que haya preferido quedarse trabajando en vez de disfrutar de unas vacaciones con todos los gastos pagos? probablemente no.
Era una típica noche invernal en Rochester, Nueva York. Tras un día de múltiples reuniones y compromisos en las iglesias del distrito, mi esposa Charlene y yo llegamos a casa buscando descansar un poco. Después de conversar por unos minutos, decidimos ver las noticias juntos. Al llegar la primera pausa comercial, una promoción de la compañía de televisión por cable, internet y teléfono local, preguntaba ¨¿Quien rechaza recibir más?¨ (¨Who says no to more?¨, es la frase original en inglés) presentando tres casos: un hombre que dice que no a un aumento salarial dejando a su jefe perplejo; una ama de casa que rechaza irse de vacaciones con todo incluido y prefiere seguir en sus labores cotidianas; una niña que cortésmente rechaza el regalo que con tanto amor su confundido padre le entrega por su cumpleaños. Al final, la voz comercial recomienda: ¨Di ¨Si¨ a recibir más¨ (¨Say yes to more¨, es la frase original en inglés). Claro, es probable que en la vida real nadie se comporte como las personas del comercial. Sin embargo, por exagerado que parezca, en el sentido espiritual, muchas veces nos comportamos de la misma manera.

Ese extraño y divertido comercial me ayudó a tener una idea de lo que se siente cuando una persona rechaza algo que le conviene. ¿Quién rechazaría un regalo? Aunque no lo creas, la mayoría de nosotros, lo hemos hecho. Me refiero al “regalo” que Jesucristo ya preparó para darte hace años. Ha estado disponible para ti desde antes de nacer. Lo único que tienes que hacer es decir ¨Sí¨. En otras palabras, aceptarlo. A pesar de esto, de forma constante en nuestro diario vivir lo rechazamos, ya sea, de manera voluntaria o por un comportamiento habitual. ¿Cuál es este regalo? Vida eterna, es decir, salvación. Si hoy te preguntara, ¨¿eres salvo?¨ ¿Cuál sería tu respuesta? No te preocupes, a mi también me ha pasado. Muchas veces no estamos seguros de nuestra salvación. A pesar de que creemos en Dios, de nuestros años en la iglesia, nuestros talentos y nuestro liderazgo, muchas veces esa pregunta trae dudas a tu cabeza. Sin embargo, ahí está la clave: la salvación es un regalo, no un derecho adquirido. En pocas palabras, es un privilegio.

El apóstol Pablo, escribiendo a la iglesia en Roma e inspirado por el Espíritu de Dios, declara: ¨…mas la dádiva (regalo) de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23 RVR1960, énfasis agregado). La vida eterna es un regalo. Es algo que no pediste pero que por amor, aun sin merecerlo, Dios te lo ofrece por medio de Jesucristo. Tristemente, muchas veces hemos actuado como la niña del comercial. El padre viene con todo su amor a entregarle el regalo que su hija necesita pero ella prefiere seguir jugando con unas muñecas viejas y todo porque sus amigas también tienen esas muñecas. ¡Ahí está la clave! El regalo de Dios para ti no es como el regalo del mundo, el cual es frágil y pasajero. La salvación es un privilegio por la eternidad. Es probable que muchas veces hayas rechazado el camino de la salvación y la vida cristiana con tal de disfrutar de lo que tus amigos disfrutan. Aunque la salvación no implica que dejes de tener amigos, es un regalo que te ayuda a comprender quiénes son tus verdaderos amigos y cuál debería ser tu estilo de vida.

Ahora te invito a ver el otro lado de la moneda. Es decir, lo que Cristo tuvo que hacer con tal de ofrecerte ese regalo. Piensa en el estrés que enfrentas cuando llega la fecha de cumpleaños o de navidad y deseas entregar un regalo a alguien que amas. El hecho de ir de tienda en tienda mirando todo lo que pensamos que le pueda gustar a la otra persona, es un tremendo sacrificio. Cuando llega febrero de cada año, por ejemplo, las esposas buscan por todos lados un regalo que al esposo le vaya a gustar y los esposos por igual. Es un sacrificio no solo mental, sino, financiero y de tiempo. Sin embargo, vale la pena porque lo hacemos por alguien a quien amamos. Cuando se ama de corazón ningún sacrificio es tan grande que no pueda ser sobrepasado con tal de dar a la otra persona lo que sabemos que le conviene. Si nosotros tenemos la capacidad de hacer tales sacrificios con tal de entregar un regalo por amor, ¿cuánto más Cristo?

¿Has pensado en lo que Cristo tuvo que hacer para poder ofrecerte el regalo de la salvación? Pablo lo describe así: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:5-11 RVR1960).

Cristo no se aferró a su gloria, se despojó de todo lo que tenía y hasta murió con tal de darte el mejor regalo. Estoy seguro de que si tu pareja, padres, amigos o hasta desconocidos, venden su casa, abandonan su profesión y hasta mueren con tal de darte el mejor regalo de la historia, por lo menos por agradecimiento lo aceptarías y lo honrarías por el resto de tu vida. Eso y mucho más fue lo que hizo Cristo por ti con tal de darte el ¨mejor regalo¨. Qué triste sería que después de tantos años escuchando hablar de Cristo o hasta participando en la iglesia, termines perdido. Una vez más, Jesucristo te pide que valores tu regalo. No lo cambies pasando más tiempo en tus redes sociales que con Él; abandonando tu devoción y vida de oración por tu trabajo; colocando tu profesión por encima de tu llamado espiritual.

El sufrimiento de un padre cuando su hijo lo rechaza no se compara al sufrimiento del Padre eterno cuando ve que sus hijos rechazan el regalo que tanto le costó. Si tu vida espiritual está en decrecimiento constante; si el enemigo y sus tentaciones te vencen; si vas a la iglesia por costumbre y no por necesidad, te recuerdo que ya el regalo ha estado preparado para ti y hoy puedes disfrutarlo. No vivas como un cristiano derrotado. Recuerda que ya Cristo compró el regalo. Lo único que Él te dice es: ¨di sí¨ y recibe el mejor regalo. ¿Aceptarás Su regalo?

Reynolds Rodríguez es pastor adventista en Rochester, New York 

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