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El infierno: ¿verdad bíblica o divina comedia?

Revista Prioridades
  • 12 junio, 2018
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«Por mí se va a la ciudad doliente,

por mí al abismo del tormento fiero,

por mí a vivir con la perdida gente […].

Antes de yo existir no hubo creanza:

La eterna solo, y eternal yo duro;

¡Ah, los que entráis, dejad toda esperanza!» (Canto III: 3-9)

Con estas palabras describe Dante su llegada al infierno. En ese espantoso lugar, el poeta italiano vio a todo tipo de personas: papas, reyes, emperadores, soldados, traidores. Los conceptos emitidos por Dante en su obra han servido de base para una de las creencias más tristes y ridículas enseñada gran parte de la cristiandad: la existencia de un lugar de tormento donde los malos se encuentran, en este preciso instante, sufriendo por causa de sus pecados.

En la Biblia se establece con bastante claridad que todo aquel que haya rechazado la salvación ofrecida por Cristo, será castigado (Juan 3: 18); que los impíos serán exterminados, talados (Sal. 37: 9; Abdías 10, NRV); que de los soberbios no quedará «ni raíz ni rama» (Malaquías 4: 1); que todo el que peque morirá (Ezequiel 18: 4); que el nombre de los malos será borrado «eternamente y para siempre» (Sal. 9: 5). La Palabra de Dios también asocia este castigo final con el fuego. Jesús enseñó que los malos serán lanzados al fuego o infierno (Mateo 13: 30; 18: 9; 25: 41) y que este castigo también es eterno (Mateo 25: 46) y «no puede ser apagado» (Marcos 9: 43). Los adoradores de la bestia serán atormentados con «fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero. El humo de su tomento sube por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 14: 9, 10). Juan dice que la bestia y el falso profeta también serán «lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre» (Apocalipsis 19: 20). Un destino similar tendrá el diablo donde junto con sus aliados «serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 20: 10). En resumen, los malos serán castigados, serán lanzados al fuego o infierno y este castigo será eterno.

Para muchos católicos y protestantes el problema radica en la última parte: el castigo eterno. Ellos razonan que si es eterno, entonces los impíos deberán arder para siempre en lo que tanto ellos como Dante denominan «infierno».

¿Cuál es el significado de la expresión «fuego eterno»?

A fin de que podamos entender el significado del fuego eterno, resultaría oportuno que echemos un vistazo al relato bíblico de la destrucción de Sodoma y Gomorra. La Biblia enseña que estas ciudades fueron destruidas con fuego (Génesis 19: 24) y que constituyen un ejemplo de lo que ocurrirá en el fin del mundo (2 Pedro 2: 6; Lucas 17: 29). Judas 7 dice que estas ciudades «sufrieron el castigo del fuego eterno»; sin embargo, esas ciudades no continúan ardiendo en la actualidad. Por ello «fuego eterno» no es un fuego que nunca se apaga, sino un fuego que destruye para siempre el objeto que ha sido consumido con sus llamas. Un texto clave para comprender en qué sentido fue eterno el castigo de Sodoma y Gomorra es Lamentaciones 4: 6, donde leemos que estas ciudades fueron destruidas en «un instante». Después de advertir que Amón quedaría como Sodoma y Gomorra, el profeta Sofonías explica que Amón sería un «lugar desolado para siempre». Estas ciudades fueron quemadas con el «fuego eterno» porque fueron reducidas a cenizas (2 Pedro 2: 6) y nada quedó de ellas. Por tanto, concluimos que el fuego eterno no es un fuego que arderá para siempre, sino uno que destruye hasta dejar solo las cenizas; Pablo lo llama «destrucción eterna» (2 Tesalonicenses 1: 9, NVI).

Cuando la Biblia dice que -como Sodoma y Gomorra- los impíos serán lanzados al fuego eterno, lo que quiere decir es que serán destruidos en su totalidad, que no quedará nada de ellos. Como dice Salmo 68: 2: «Los malvados dejarán de existir» (NVI).

Esta interpretación armoniza con otros pasajes bíblicos donde se usa la expresión «para siempre». Por ejemplo, explicando la relación entre un amo y su siervo, Moisés declaró: «Entonces su amo lo llevará ante los jueces, lo arrimará a la puerta o al poste, y le horadará la oreja con lesna. Así será su siervo para siempre» (Éxodo 21: 6). Evidentemente, todos los amos y esclavos de la época del éxodo ya murieron, lo cual sugiere que la expresión «para siempre» está limitada a la vida tanto del amo como del siervo. Gezi, el siervo de Eliseo, fue condenado a ser leproso «para siempre» (2 Reyes 5: 27), es decir durante toda su vida. Una vez que murió el «para siempre» llegó a su final. «Para siempre», «por los siglos de los siglos», «eternamente» expresan permanencia o perpetuidad dentro de los límites de las cosas o las personas a las que sean aplicadas. Los romanos consideraban al emperador como un personaje «eterno» puesto que su función acababa cuando moría.

Cuando Jesús habla del «castigo eterno» (Mateo 25: 46) no quiere decir que la gente estará allí durante una cantidad infinita de tiempo, sino que su castigo será para siempre puesto que acabará cuando ellos perezcan. Concluimos, pues, el infierno eterno, tal y como lo enseñan muchas iglesias, no es una verdad bíblica, es -como el libro de Dante-una divina comedia.

 

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