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La hora del juicio de Dios

Clifford Goldstein
  • 4 julio, 2017
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El autor David Berlinski relató un incidente ocurrido en el marco del Holocausto. Los alemanes habían reunido a los judíos de un pueblo de Polonia y les hicieron cavar sus propias tumbas. Tras cavar su agujero, un anciano judío miró a la cara del soldado que estaba a punto de matarlo y dijo: «Dios te juzgará por esto». Acto seguido, el soldado le pegó un tiro en la cabeza, matándolo instantáneamente.

¿Dios te juzgará por esto?

Sí, ciertamente, Dios juzgará a ese criminal, porque si hay un tema que aparece a lo largo de la Biblia es el del juicio. Dios es misericordioso, bueno y compasivo, pero también es un Dios de justicia y de juicio. Y si hay algo que la Biblia enseña es que Dios dará a este mundo la justicia y el juicio que tanto han faltado a lo largo de la historia universal.

El propio Jesús dijo: «Yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de cualquier palabra inútil que hayan pronunciado» (Mateo 12: 36). Si todos van a tener que dar cuenta de cada palabra ociosa que pronuncien, podemos tener la seguridad de que también sus actos serán juzgados. El apóstol Pablo dijo lo mismo cuando escribió que «todos tenemos que presentarnos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o lo malo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo» (2 Corintios 5: 10).

El juicio en el cielo

La Biblia habla de diferentes juicios, desde juicios locales sobre naciones malvadas durante el período del Antiguo Testamento (Génesis 15: 14) hasta un juicio que sobrevendrá sobre el mundo entero en el tiempo del fin.

Una de las enseñanzas bíblicas más significativas sobre el juicio es que antes de la segunda venida de Jesús tendrá lugar en el cielo una escena judicial, un juicio. Incluso podría defenderse que este juicio es lo que allana el camino para la segunda venida. Dado que precede a su regreso, ha sido denominado “juicio previo al advenimiento”.

La representación más gráfica de este juicio y de su momento se encuentra en Daniel 7. Tras describir el surgimiento y la caída de los grandes imperios universales, Daniel señaló una gran escena judicial en la sala del trono de Dios en el cielo. Dijo que vio «un río de fuego [que] salía de delante de él. Miles y miles le servían, y millones y millones estaban de pie en su presencia. El tribunal dio principio a la sesión, y los libros fueron abiertos» (Daniel 7: 10).

¿El tribunal da principio a la sesión? ¿Los libros fueron abiertos? Daniel vio un juicio divino desarrollándose en el cielo. A continuación, tres versículos después, vio a «uno como un hijo de hombre [ese es Jesús]; vino hasta el Anciano de días, y lo hicieron acercarse delante de él» (versículo 13, RV95). Y, ¿con qué fin? El versículo inmediatamente posterior responde esa pregunta: «Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará; y su reino es uno que nunca será destruido» (versículo 14, RV95).

Nunca ha habido una estructura política permanente desde que los seres humanos empezaron a organizarse en naciones. Antes o después, todas las naciones que han existido alguna vez han caído. Sin embargo, el reino que Jesús recibe durará por siempre. El reino eterno acaece solamente después de la segunda venida de Cristo. Así, vemos aquí una representación de un juicio que conduce directamente al regreso de Jesús y al establecimiento del eterno reino de Dios.

La secuencia del juicio y, después, la segunda venida vuelve a ser representada en el mismo capítulo de Daniel: «Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio [a Satanás], para que sea destruido y arruinado hasta el fin, y que el reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo sean dados al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios lo servirán y obedecerán”» (versículos 26, 27, RV95; la cursiva no está en el original). Está claro que acontecerá un juicio en el cielo antes de la segunda venida de Jesús.

La hora de su juicio

En Apocalipsis 14 aparece otra representación del juicio antes de la segunda venida de Jesús. Ese capítulo se desarrolla en el contexto de los acontecimientos finales de la historia universal que llevan hasta su regreso. Al comienzo del capítulo, el apóstol Juan escribió que vio «otro ángel, que volaba en medio cielo y que llevaba un mensaje eterno para anunciarlo a los que viven en la tierra, a todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. Decía con fuerte voz: “Teman a Dios y denle alabanza, pues ya llegó la hora en que él ha de juzgar. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales”» (versículos 6, 7).

Fíjese cuidadosamente en lo que dijo el ángel: ya llegó la hora del juicio de Dios. ¿Cuándo? Claramente, antes de que Jesús haya regresado, porque el ángel también ordenó la predicación mundial del evangelio, que es la buena nueva de salvación. Además, el llamamiento del ángel a que seamos fieles a Dios no tendría sentido si Jesús ya hubiera regresado. En vez de ello, es un llamamiento a la preparación para el regreso de Cristo, que es aún un acontecimiento futuro. Así, las palabras “ya llegó la hora en que él ha de juzgar”, como la escena de juicio de Daniel 7, revelan que en el cielo tendrá lugar un juicio antes del regreso de Cristo.

La recompensa de Jesús

Otro texto que sugiere la idea de un juicio previo a la segunda venida de Cristo proviene del propio Jesús, cuando habló de su regreso. Dijo: «He aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra» (Apocalipsis 22: 12, LBA). Fíjate que el galardón de Cristo ya estará con él cuando regrese. Este texto solo tiene sentido si ya se ha dictado sentencia en el momento en que Jesús regrese, porque el juicio es lo que determinará la recompensa que cada persona recibe, ya sea vida eterna en el reino de Dios o condenación eterna fuera de su reino.

¿Por qué este juicio?

Aunque la Biblia enseña con respecto a este juicio previo al advenimiento, una pregunta lógica es “¿Por qué?”. Dios, que lo sabe todo, ya sabe quién reúne los requisitos necesarios para ser salvo y quién se perderá. Dado que Dios conoce todos nuestros actos, buenos y malos, ¿no es superfluo un juicio como el que la Biblia describe? ¿Cuál es su fin?

Podemos hallar la respuesta en la escena de juicio de Daniel 7: «Un río de fuego salía de delante de él. Miles y miles le servían, y millones y millones estaban de pie en su presencia. El tribunal dio principio a la sesión, y los libros fueron abiertos» (versículo 10; la cursiva ha sido añadida).

¿Quién más, además de Dios, dijo Daniel que estará presente durante este juicio? El texto habla de «miles y miles» y de «millones y millones» que rodean el trono de Dios durante el juicio. Estas frases son modismos arameos (Daniel 7 fue escrito en arameo) que designan números inmensos. Hace tiempo que los eruditos concluyeron que esta enorme multitud de «miles y miles» y «millones y millones» está formada de ángeles celestiales que son testigos del juicio en el cielo.

Dios lo sabe todo. Sabe quién se salvará y quién se perderá. Pero ningún pasaje de la Biblia dice que los ángeles sepan todo esto. Así, el propósito de este juicio celestial no es informar a Dios de nada ni para que decida nada. Es, más bien, para los santos ángeles. Quiere que estén plenamente informados para que puedan comprender sus decisiones. Después de todo, están aún más preocupados que nosotros por todo lo que sucede en el mundo.

Al dejar que los ángeles desempeñen una parte activa en su juicio final, Dios les permite ver por sí mismos la bondad, la equidad y la justicia de su juicio —es decir, de sus decisiones sobre el mundo y la gente que lo habita—. Por eso, los seguidores leales de Dios son presentados en otra parte de la Biblia diciendo: «¿Quién no te temerá, oh Señor? ¿Quién no te alabará? Pues solamente tú eres santo; todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios han sido manifestados» (Apocalipsis 15: 4; la cursiva ha sido añadida).

Conclusión

En toda la Biblia se nos dice que Dios es bueno, justo, ecuánime y amante. El propósito del juicio en el cielo, que ocurrirá antes del regreso de Cristo, es revelar a todos los seres celestiales la verdad de estas afirmaciones. Dios respeta la inteligencia de los seres racionales que creó, y este juicio es su forma de revelarles su bondad y su equidad en todo su trato con el pecado y los pecadores. No es de extrañar, entonces, que, hacia el fin de la Biblia, cuando todas las cosas están concluyendo, el apóstol Juan dijera que oyó «las fuertes voces de una gran multitud que decía en el cielo: “¡Aleluya! La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque él juzga rectamente y con verdad”» (Apocalipsis 19: 1, 2).

Clifford Goldstein es el editor de la Guía de Estudio de la Biblia de la revista Prioridades.

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