• Sala de conciertos

Publicaciones

Actividades, noticias y mucho más...

¿Le tiene usted miedo al juicio divino?

Pr. John Brunt
  • 6 junio, 2017
  • Publicaciones
  • Publicado por
  • Comentarios desactivados en ¿Le tiene usted miedo al juicio divino?

Hace años un colega y yo asistimos a una convención en Los Ángeles. Me desplacé en mi automóvil y quedé en recoger a mi colega, que llegaba después en avión. Cuando nos vimos, me presentó a un hombre del que se había hecho amigo en el avión y que iba a asistir a la misma convención. Lo invitamos a subir al automóvil con nosotros. Una vez dentro del vehículo, me di cuenta de que aquel hombre era un famoso teólogo. De hecho, era uno de los iniciadores del movimiento “Dios está muerto” de la década de 1960.

Una de las razones fundamentales que dio para adoptar la noción de que Dios está muerto gravitaba en torno al problema del mal y quién es responsable del mismo. Dijo que cuando vio el asesinato de seis millones de judíos, tuvo que concluir una de dos cosas: o no hay ningún Dios todopoderoso que gobierne el universo, o hay un Dios al que, sencillamente, el asunto le resulta indiferente. Así que encontró mucho más aceptable creer que no hay ningún Dios.

Qué dice la Biblia

Sin embargo, la Biblia da una respuesta diferente. Enseña que va a haber un juicio en el que Dios pondrá fin al mal y al sufrimiento y en el que pedirá cuenta de sus acciones a los que han contribuido al mal y al sufrimiento. De hecho, todo ser humano tendrá que rendir cuentas. Este juicio acaecerá al final de la historia universal, y determinará el destino de cada cual.

Pablo apeló a este juicio final cuando dijo: «Todos tendremos que presentarnos delante de Dios, para que él nos juzgue. […] Así pues, cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios» (Romanos 14: 10-12).

Dios le da seguimiento a nuestra vida. Va a exigirnos cuentas. Y ese juicio determinará nuestro destino final: o la eternidad con Cristo en un cielo nuevo y una tierra nueva o la destrucción en un «lago de fuego». Desde luego, eso suena como una advertencia severa y solemne.

La Biblia también nos dice otras cosas sobre el juicio que es preciso que conozcamos si queremos ver el cuadro completo. De hecho, en el libro de Apocalipsis Dios es alabado ¡por sus juicios! (ver Apocalipsis 16: 1-7; 19: 2). «Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, tú que eres y que eras, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar. Las naciones se han enfurecido; pero ha llegado el día de tu ira, el momento en que has de juzgar a los muertos; y darás la recompensa […] a tu pueblo santo y a los que honran tu nombre, sean grandes o pequeños» (Apocalipsis 11: 17, 18).

Me imagino que cuando esas palabras fueron leídas por vez primera, en el siglo I, parecerían absurdas. ¿Cómo podrían los seres humanos hacer algo tan drástico como destruir todo este gran planeta? Pero hoy la situación es diferente. Realmente tenemos a nuestro alcance el poder para destruir la tierra. Así que el Apocalipsis nos advierte de que Dios no va a dejar que nuestro mundo se autodestruya en un estallido de explosiones nucleares o en un gemido de contaminación. Él sigue al mando. Actuará como Juez y pondrá fin al sufrimiento y pedirá cuentas con ecuanimidad y justicia.

Pero esta buena nueva sigue sin responder la parte del dilema con la que empezamos. Desde luego, el fin del dolor, el sufrimiento, la muerte y el mal constituye una buena nueva para el mundo. Sin embargo, ¿es una buena noticia para usted y para mí?

Cuando pienso en los libros celestiales y en ese juicio final y luego miro mi propia vida con sus debilidades y sus problemas, me da mucho miedo. Cuando me doy cuenta de las muchísimas veces que he resuelto hacer algo solo para fracasar miserablemente más tarde, el asunto parece casi sin esperanza. ¿Cómo podría encontrarme delante de Dios y acabar a su diestra?

El factor de la esperanza

Afortunadamente, la Biblia también da respuesta a esa pregunta. Y precisamente aquí oímos la buena nueva definitiva del juicio. Cuando Jesús vino y vivió en esta tierra, murió en la cruz, volvió a la vida y fue exaltado al trono de Dios, nos quitó la necesidad de preocuparnos por el juicio. Fíjese en el pasaje más conocido de la Biblia: «Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado» (Juan 3: 16-18).

Y, escribiendo en 1 Juan 2: 1, 2, el apóstol dijo: «Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no cometan pecado. Aunque si alguno comete pecado, tenemos ante el Padre un defensor, que es Jesucristo, y él es justo. Jesucristo se ofreció en sacrificio para que nuestros pecados sean perdonados; y no solo los nuestros, sino los de todo el mundo».

Sí, habrá un juicio algún día, y la Biblia dice que todos compareceremos en ese juicio. Pero Jesús también estará presente como nuestro Representante, como nuestro Abogado defensor. Demostrará que los mismos libros que registran nuestros pecados también muestran la palabra “perdonado” escrita en cada uno de ellos.

No, las rojas llamas de la ira ni siquiera empiezan a contar todo lo que hay que decir. Solo cuando la escena incluye las manos abiertas y laceradas de un Salvador misericordioso, que murió para perdonar nuestros pecados, vemos la imagen de conjunto que Dios ha revelado sobre el juicio.

John Brunt, doctor en Teología, se desempeña como pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en California, Estados Unidos.

Back to top