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Los muertos y la astrología, ¿pueden revelar el futuro?

Pr. Alejandro Medina Villarreal
  • 4 septiembre, 2018
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Aunque parezca una paradoja, la era del auge de la ciencia y la tecnología es también la del apogeo del espiritismo. Actualmente, a millones de personas el ocultismo les resulta atractivo y apasionante, incluso en los países desarrollados; por eso se ve un marcado interés en los temas del más allá en películas, series de televisión y páginas web. En especial, la posibilidad de comunicarse con los muertos resulta muy tentadora para quienes tenían sólidos vínculos con los que ya no están. Pero esto, de alguna manera, sugiere que el destino de los vivos está en manos de los muertos o de sus espíritus que, supuestamente, habitan en algún lugar del más allá.

El único que conoce el porvenir

¿De dónde proviene la idea de que los muertos tienen una especie de conocimiento superior de las realidades humanas? ¿Acaso conocen ellos el futuro o las intenciones más profundas del corazón? Por supuesto que no. En realidad, la astrología es un método sumamente desconfiable para obtener información seria sobre el futuro, el mundo y nosotros mismos. De acuerdo con la Biblia, la verdadera fuente de la sabiduría es la Palabra de Dios (Proverbios 1: 7). Dios es el único que tiene potestad sobre los tiempos (Eclesiastés 3: 15). Solo él conoce el porvenir de este mundo y puede predecir el futuro: «Recuerden lo que ha pasado desde tiempos antiguos. Yo soy Dios, y no hay otro; soy Dios, y no hay nadie igual a mí. Yo anuncio el fin desde el principio; anuncio el futuro desde mucho antes. Yo digo: Mis planes se realizarán; yo haré todo lo que me propongo» (Isaías 46: 9-10).

No son los muertos quienes nos proveen a los vivos las claves para que encontremos un modo satisfactorio de vivir; tampoco hallaremos en ellos la vida eterna. De hecho, las diversas formas del espiritismo tienden a alejar a la gente de Dios. Por eso advierten las Escrituras: «Sin duda la gente les dirá a ustedes: “Consulten a los espíritus de los muertos y a esos adivinos que cuchichean y susurran. ¿Acaso no debe un pueblo consultar a sus dioses, y pedir consejo a los muertos acerca de los vivos para recibir una instrucción o un mensaje?”. Sin duda que hablarán así, pero lo que dicen es una tontería» (Isaías 8: 19-20). Los muertos nada saben (Eclesiastés 9: 6). No se puede atribuir a ellos un conocimiento especial que rija los destinos de los vivos. Todas esas ideas se originan en las religiones paganas de la antigüedad.

Asimismo, la pretensión de someter las fuerzas de la naturaleza o los poderes sobrenaturales al servicio personal —como aseguran los astrólogos— es una afrenta directa a la soberanía divina. Es tan grave como jugar a ser Dios. En realidad, evoca el antiguo deseo luciferino: «Voy a subir hasta el cielo; voy a poner mi trono sobre las estrellas de Dios; voy a sentarme allá lejos en el norte, en el monte donde los dioses se reúnen. Subiré más allá de las nubes más altas; seré como el Altísimo» (Isaías 14: 13-14).

Únicamente Dios tiene potestad de regir el mundo y sus destinos de acuerdo con su voluntad. Por eso, dice la Biblia: «Él cambia los tiempos y las épocas; quita y pone reyes, da sabiduría a los sabios e inteligencia a los inteligentes» (Daniel 2: 21). También asegura la Palabra de Dios que «en su mano está la vida de todo ser viviente» (Job 12: 10). Solo él puede brindar seguridad y esperanza a quienes atienden su voz: «No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas, pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa» (Isaías 41: 10). El Señor tiene un proyecto de vida para cada uno de sus hijos y desea llevarlo a cabo si estos aceptan ser conducidos por él: «Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo» (Jeremías 29: 11). Dios es el único que puede satisfacer todas las necesidades humanas: «Abres tu mano, y con tu buena voluntad satisfaces a todos los seres vivos» (Salmo 145: 16).

Ningún ser creado puede pretender usurpar la autoridad divina. Por eso, la Biblia nos recuerda que nuestro destino está en las manos de Dios, cuyo nombre es digno de toda confianza: «Grande y maravilloso es todo lo que has hecho, Señor, Dios todopoderoso; rectos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de las naciones. ¿Quién no te temerá, oh Señor? ¿Quién no te alabará? Pues solamente tú eres santo; todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios han sido manifestados» (Apocalipsis 15: 3-4).

¡Confiemos en él! ¡Pongamos nuestra vida en sus manos!

Alejandro Medina Villareal, autor y editor de mucha experiencia, es pastor de la Iglesia Adventista en el Sur de México.

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